domingo, 27 de diciembre de 2015

DISCIPLINA VS INDISCIPLINA

DISCIPLINA     VS   INDISCIPLINA
Lic. Sileny Hernández Medina
Psicóloga.
Para abordar  el problema de la indisciplina en las instituciones educativas, es necesario comprender qué significa la disciplina y cómo se forma en el ser humano desde su desarrollo. La disciplina, es un proceso social que se genera a partir de la interiorización de normas y reglas determinadas  por cada sociedad, las cuales deben estar basadas en principios y valores de convivencia como el respeto, la tolerancia, la paz y la responsabilidad con nosotros mismos y con los demás. La palabra en sí, proviene de la raíz latina “discere” que significa  “aprender a ser” y  significa enseñar,  regularizar metodizar, ordenar, instruir.
Históricamente hemos concebido la disciplina a partir del autoritarismo como un método para controlar y dominar,  para transformar  en "cuerpos dóciles" a los aprendices que deben obedecer,  acatar, y  cumplir las normas que determina un adulto.  En este sentido aun nos quedan vestigios de esta concepción y es por ello que nos cuesta entender que en la actualidad la disciplina tiene un fin pedagógico basado en la convivencia armónica donde cada parte  tiene derechos y deberes. 
El aprendizaje de la disciplina proviene del hogar y de la dinámica en cada familia, sin embargo los principios del aprendizaje son los mismos en cualquier ámbito. Los elementos que deben estar presentes en el aprendizaje de la disciplina son los valores, el afecto y la capacidad de los miembros  para interactuar, bajo el conocimiento de que la dinámica de la convivencia  es  cambiante y de que los roles de cada integrante del grupo deben estar definidos para hacer uso de la autoridad sin autoritarismo. Los niños desde temprana edad aprenden la disciplina al seguir normas preestablecidas y tácitas que se determinan en la familia; aprenden horarios rutinas formas de expresarse según como sean modeladas  por las personas adultas. Si estos modelajes son consecuentes, coherentes y cohesivos entre los miembros se establecerán unas pautas que los  niños seguirán y asumirán como normas de disciplina. Cuando no existen estas condiciones el niño se ve confundido y le será difícil seguir un patrón de normas, es decir comenzara a ser indisciplinado y  a ejecutar conductas que progresivamente se convierten en problemas en todos los contextos donde se desenvuelve.  La dificultad en la actualidad se presenta por los cambios de paradigmas para concebir la disciplina con fines formativos, en este sentido  se persigue favorecer el crecimiento de los niños, no con el fin de controlar para reforzar una lucha de poder.
Las instituciones educativas son por excelencia ámbitos para la instrucción y la formación de disciplina, y es importante entender que no solo en la familia se crean los valores, es más, si existen fallas en la base familiar para el aprendizaje de normas, lo adecuado es que la escuela sea la opción para que los niños y jóvenes encuentre un espacio distinto con figuras de autoridad que les permitan expresarse,  donde se establezcan mecanismos de corrección basados en  la justicia  y no en el miedo, las amenazas y la humillación. 
En este sentido, a veces nos cuesta entender la función de autoridad como  un elemento importante y necesario para el niños y jóvenes, que debe ejercerse basándose  en el respeto a la dignidad del ser humano, entendiendo que el niño es un sujeto con derechos y que aprenderá el respeto según este sea demostrado por la figura que ejerce la autoridad. Lo que sucede hoy en día es la ambigüedad con la que se ejerce dicha autoridad por  la falta de de cohesión entre los padres, los docentes, las autoridades de las escuelas y los adultos en general. Se le muestra a los niños problemas de acuerdos entre los funcionarios de las instituciones educativas, quienes en oportunidades modelan conductas inapropiadas delante de ellos.
Ahora, ¿Qué se puede hacer ante el problema de la indisciplina en las escuelas? En primer lugar concientizar que somos parte del problema y tenemos el compromiso de buscar alternativas de solución conectándonos con nuestra misión de vida y con nuestro Ser. A partir de allí crear mecanismos de disciplina acorde con los derechos y deberes de los niños niñas y adolescentes, administrando los conflictos con soluciones no violentas, generando en los niños análisis de sus conductas indisciplinada y aprovechando estas ocasiones para el crecimiento de todos. También como integrantes del proceso educativo es imprescindible involucrar a los representantes en estos cambios de paradigmas para  que se continúen  las estrategias en el hogar  entendiendo que la disciplina con amor es posible y que todos podemos reorientar el comportamiento inadecuado en los niños.
Los docentes deben ser creativos para dar soluciones y estar permanentemente dando alternativas a los alumnos, siendo claros y flexibles en la praxis de las normas y la aplicación de correctivos ante incumplimiento de las mismas.  Además debe ser optimista en relación a los cambios que puede lograr en sus alumnos para estar permanentemente motivado en su función de orientador creyendo en lo que hace y trasmitiendo entusiasmo en su labor de enseñar para aprender de verdad. Por último establecer y fomentar buenas relaciones entre los miembros de la comunidad educativa incluyendo a los alumnos en este proceso sin dejar de ejercer la autoridad con amor.

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